Remedios Amaya bajo el neón de Clamores

Remedios Amaya en la sala Clamores

Franqueada la última puerta de Clamores, la que da paso a la sala, la peña se acerca a un señor que trajina con una cajita de hierro y apoquina el billete. Dos metros más allá, un acomodador de chaleco de lana y pajarita repasa la libreta llena de nombres y tachones y de vez en cuando canta ¡eureka! y hace otro tachón, y desaparece entonces en la penumbra de la sala con los nombres tachados y vuelve al momento, solo, los fardos de la ida descargados, repítase la operación varias veces, hasta que nos toca a nosotros, y por mucho que mira y remira el pajarita no aparecen nuestros nombres en la libreta, hasta que se desface el entuerto: es que si venís acreditados no tenéis asiento, que eso es solo para los que pasan por la caja de hierro. No me jodas que de pie derecho a la marabunta del bar. Sigue leyendo

Consejos (o manías) para escribir

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Voy a intentar enseñarte la media docena de balizas que enciendo cada vez que me pongo a la tarea de escribir. Las señales que marcan mi camino son perfectamente reversibles, así que puedes darles la vuelta si no te convencen y tirar por el otro lado, quizá el lado bueno. No tengo muy claro dónde terminan los consejos y empiezan las manías en este post; en cualquier caso, espero que te sirvan, da igual si consejos o manías, da igual si del derecho o del revés. Dicen así:
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