Mi (muy mejorable) marca personal en Twitter: ¿propósito de enmienda?

Twitter, tan ubicuo y tan cercano, en en bolsillo del pantalón como muy lejos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad todos los días de nuestras vidas hasta que la muerte nos separe, tan fácil de usar y con recompensas tan inmediatas nos convierte a los que somos de mecha corta en manuales gratuitos para aprender qué no se debe hacer en esta red de microbloggin si queremos cultivar una  buena marca personal.

Ahora que ya he calzado con más o menos disimulo las palabras clave para el SEO (Twitter, marca personal: otra vez que te las cuelo, Google), voy a confesar las acciones que, intuyo, me alejan de ser la Coca-Cola de los seres humanos en la red. En algunas de estas acciones tengo un doctorado; con otras apenas me he tropezado una vez o dos. Varias son reprobables de verdad, otras en absoluto, pero da igual: en este mundo politiquísimamente correcto todas penalizan en la imagen que proyecto de mí a través de mis tuits. Empiezo a quitarme ropa ya.

El fútbol para sacar de quicio. Una de mis grandes aportaciones teóricas a la comunicación 2.0 y al social media dice así: “Twitter se inventó para cuando pierde el Real Madrid”. Es mi momento de gloria, un vuelo sin motor, una explosión de ideas, chascarrillos, juegos de palabras, imágenes que salen a chorro por mi timeline y que yo creo que alguna vez han contribuido a mandar a más de un padre de familia a la cama sin cenar. Porque, y aquí está la madre del cordero, lo que para mí es un pasatiempo (semi)inocente, para otros es más serio que llegar a final de mes. Y por cada dos que ríen las ocurrencias o las aceptan con deportividad, hay uno que hasta te retira el saludo. Como hoy mismo he empezado con la terapia para quitarme de la mala reputación, sólo he tuiteado esto de la derrota aún humeante del Madrid en San Mamés:

Antes de la terapia, mis tuits hubieran dado para un libro.

Bueno, para qué nos vamos a engañar: también he hecho un par de menciones a madridistas irredentos. Poco a poco.

Política desde las tripas. Como nací en democracia nunca he llevado muy bien eso de que no hay que significarse políticamente: ¿qué hay de malo en tener una idea de mundo, de modelo de sociedad, de vida, y defenderlo? No sé si nos falta madurez para respetar las ideas de los demás, o si tantas horas de sol nos hacen daño; da igual por lo que sea, el caso es que aquí apenas abrimos la boca para hablar de política media humanidad se nos declara en guerra, aunque solo sea por decir bajito y con toda la dulzura: “Pues igual la reforma del Código Penal no es la más adecuada, por esto, esto otro y lo de más allá”. Si además no hay dulzura sino vehemencia y pasión (y precipitación, una de las muchas taras de los mechacorta), y encima hay para todos, desde el PP a Podemos, pasando por todo los colores del arcoiris, entonces, enhorabuena, chaval: ve buscándote un perro para tener al menos un amigo. Si no te vez capaz a renunciar a expresar tus ideas (y, por qué no decirlo, tus filias y tus fobias), como me pasa a mí, ve pensando al menos en embridar el tono y medir t-o-d-a-s-y-c-a-d-a-u-n-a-d-e-l-a-s-p-a-l-a-b-r-a-s que vayas a tuitear sobre algo tan sensible como la política.

Hacerse el chulo con un famoso. Hablando de filias y fobias: qué machotes (o qué hembrotas) nos sentimos cuando le mandamos un tuit al cantante que nos irrita para decirle que qué mierda de canción, o cuando le mandamos a @aarbeloa17 un saludo: “Hola, cono”. Y los amigos: jaja, crack, figura, fiera. Vale. Pero, ¿le diríamos esto al famoso a la cara? Menos violento aún: ¿lo tuitearíamos si supiéramos que nos va a contestar al tuit? Se nos vacía el depósito del valor más rápido que la vejiga después de dos cervezas. Suéltale una guasa al famoso, que la vida es dura, pero mídela al milímetro, que la guasa es vecina pared con pared de la descalificación y del insulto, y, sobre todo, si no serías capaz de soltársela a la cara, no se la sueltes.

Criticar a espaldas del criticado. Al revés que cuando nos metemos con el famoso, que vive en otra galaxia y sabemos que no se va a molestar en pisar el suelo para contestarnos, al darle un palito a un tuitero de los de a pie muchas veces no mencionamos su @usuario con la espúrea y cobarde esperanza de que nunca llegue a saber de nuestro tuit. Esto es el habitual hablar de los demás a su espalda pero llevado a Twitter. Sé valiente y di lo que le tengas que decir a quien sea a la cara, esto es, menciona su @usuario en tu tuit, permite que se entere y pueda defenderse. Si no te ves capaz, mejor deja que ese tuit muera en “Borradores”.

Estar a la que salta. No se me ocurre una forma más sencilla de conseguir interacciones (retuits, principalmente) que parasitar en los errores de los demás: faltas de ortografía, lagunas culturales, un comentario desafortunado, lo que haya por ahí que pueda valer para la chanza pública y el escarnio. Si un ministro reincide en sus meteduras de pata quizá merezca nuestros retuits y capturas de pantalla, pero a ese otro que un día, u-n-d-í-a, se le resbaló el dedo de la tecla ‘b’ a la tecla ‘v’, ¿de verdad no le puedes perdonar el desliz? Si conviertes tu timeline en un catálogo de errores de los demás te va a envolver un aura parecida a las que ilumina a los inspectores de hacienda y a los cobradores del frac.

Regodearse con el débil. Abundando en el punto anterior: si tienes unas irrefrenables ganas de zasca retuitea el tuit del ministro con la falta de ortografía, o la tontería de las pirámides que ha dicho la megaestrella de la canción, pero, por favor, no te pegues una fiesta a costa de uno que pasaba por ahí y que si no da una a lo mejor es porque con ocho años tuvo que dejar el cole para ayudar a sacar la casa adelante.  Rafael el Gallo, un matador de toros sevillano de principios del siglo XX, al ver el poderío de ruido y humo de un tren que entraba en la estación de Atocha de Madrid, le dijo muy flamenco a la locomotora: “Esos cohone, en Despeñaperros”. Pues eso.

Reclamar a voces. Tu vuelo ha salido con retraso o el servicio de camareros ha sido un desastre y allá que te echas la mano al bolsillo con la rapidez de un vaquero que desenfunda en la puerta del saloon: ¡bang, bang, chorizos, sinvergüenzas, inútiles, timadores! No: haz llegar tu queja a la cuenta corporativa de la firma que corresponda, claro que sí, y exige explicaciones, pero con educación y temple. Si gritas y haces aspavientos, quienes miran la escena de lejos sólo percibirán gritos y aspavientos, no tus razones.

Con ocho horas de retraso a las espaldas, ocho, este tuit se puede considerar un ejercicio de contención sólo al alcance del Dalai Lama; aun así, a día de hoy me sobra el sarcasmo.

Hasta aquí mi lista incompleta de golpes en el pecho con un firme propósito de enmienda. Me estoy quitando, que decía Robe Iniesta. 

Y vosotros, ¿os reconocéis en algunas de las situaciones que he descrito? ¿Pisáis otros charcos que no aparecen aquí?

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5 comentarios en “Mi (muy mejorable) marca personal en Twitter: ¿propósito de enmienda?

  1. Hola Israel!
    Me ha gustado tu post, bastante la verdad.
    Y estoy tan de acuerdo como desacuerdo jajaja. Sí, suena un poco raro pero… A ver si me explico.
    Servidora también cae en algunos de los “pecados” que comentas en tu post, pero no podemos olvidar que somos personas.
    Marca personal, ya lo dice: personal > persona.
    Poniendo que nuestras cuentas de Twitter son personales, cierto es que para mí no deja de ser una herramienta de trabajo y de proyección de mi yo profesional, pero como te digo mi yo personal aporta (y mucho) en mi cuenta de Twitter.
    Aquí me tienes, futbolera dicharachera con el corazón conquistado por @Atleti y @cordobacfsad. Y qué pesadita me pongo algunas jornadas!
    Poco amiga de la política, pero que comprendo que cada cual es libre de expresar su opinión. Me parece lícito y correcto. Siempre

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  2. Ops! Le di a “Enviar” sin querer…
    Continúo:
    Siempre que se haga desde el respeto. Con eso me parece perfecto, luego cada cual es libre de mostrar o no su opinión y los demás son los que toman la decisión de seguirles o hacerles un unfollow.
    Lo de las críticas y las “salidas de tono” creo que se encuentra bajo el epígrafe de respeto.
    Y respecto a las quejas… Yo soy de las que me quejo o alabo por igual. Si me prestas un servicio de lujo ten seguro que tendrás mi tuit correspondiente. Las quejas a través de Twitter muchas veces es la única forma de que te presten atención tras intentar conseguir una solución por otras vías (email o teléfono por ejemplo).
    Resumiendo, que somos personas, y nuestro yo personal siempre saldrá a relucir… Al final el 2.0 no deja de ser una extensión de nuestro 1.0 ¿no?
    Saludos!
    P.

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    1. Hola, Paz

      Una de las cosas que no he comentado en el post es que en Twitter no podemos modular el tono de voz, ni su volumen, ni guiñar un ojo, así que muchas veces una ironía inocente puede terminar resultando más mortífera que un arma de destrucción masiva. Gracias por tus aportaciones.

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